Llega el momento de pintar el pasillo y no puedo evitar fijarme en un rincón concreto del mismo. Me sonrío. Hace un mes habría evitado fijarme en él, creo que incluso habría sido capaz de dejarlo sin pintar o de hacerlo mal y deprisa con tal de pasar a otra parte.
Pero hoy no. Lo pinto con cariño y dedicación e incluso, antes de eso, escribo un mensaje secreto sobre la pared, que pasa a ser invisible cuando paso el rodillo por encima. Pero yo sé que está ahí.
Después de un rato, pintando y recordando, termino y avanzo, como debe ser.
La casa está quedando preciosa, por cierto.
0 comentarios:
Publicar un comentario