Miau

Dedico mis vacaciones a trabajar en uno de los negocios familiares, igual que vengo haciendo los últimos doce años de mi vida. Es el precio a pagar por seguir estudiando a mi edad, no me quejo.

Tal vez la mayor pega que le encuentro a todo esto es que paso la mayor parte del día sola. Trabajo en una tienda de regalos, lo que significa muchos ratos muertos sin demasiado que hacer, especialmente por las mañanas. Sí, puedo leer, escribir, entretenerme con el ordenador... Sin embargo, día tras día se hace terriblemente pesado. Físicamente no requiere prácticamente ningún esfuerzo, pero mentalmente es agotador.

No obstante, de un tiempo a esta parte, paso algunos ratos bien acompañada por Trancas, el gato de una vecina. Cada mañana, al poco de abrir la tienda, aparece en la puerta y me maúlla, esperando a que salga con él. Si no le hago caso, porque estoy leyendo o haciendo cualquier otra cosa, entra a buscarme. Como hoy.


Se cuela detrás del mostrador y me mira, como diciendo: Venga, si lo estás deseando. Así que no me hago de rogar, salgo con él a la calle, estrecha y empedrada, y me siento en el escalón de una puerta en la que, cada mañana, hay unas dos horas de sol. Una vez acomodada, se sienta en mi regazo y así pasamos el rato, un poco menos solos.


2 comentarios:

  1. Genial... rompiendo la soledad en buen compañía, me ha encantado la calidez descriptiva e tu texto ;)

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